Para celebrar los 25 años del PEPE, nace un movimiento que une fe, educación y acción: la campaña Plantando Esperanza. Más que una celebración, es una invitación global a sembrar vida, cuidado y un futuro a través de la inversión en la naturaleza.
Inspirado en el Mandato Cultural de Génesis 1:26-28, donde Dios confía al ser humano la responsabilidad de cuidar la creación, el PEPE reafirma su compromiso no solo con la niñez, sino con el mundo que ellos heredarán. Cuidar la Tierra es también una expresión de fe.
La propuesta es sencilla, pero profundamente significativa: plantar 28,000 árboles alrededor del mundo. Cada árbol representa a un niño o a una niña alcanzados, un futuro cultivado y una respuesta práctica al llamado de Dios a ser buenos mayordomos de la creación.
Esta movilización se sustenta en tres pilares que forman parte de la esencia del PEPE:
- Educación: Cada niño y niña recibe enseñanza sobre el valor de la creación, la importancia de los árboles y el papel que cada uno tiene en el cuidado del medio ambiente. También comprenderán la relación entre la fe y el cuidado del mundo creado por Dios. Aprender, aquí, es también desarrollar conciencia y responsabilidad.
- Acción Práctica: El aprendizaje se transforma en actitud. Niños, niñas, educadores, iglesias y comunidades ponen las manos en la tierra, participando activamente en la plantación y viviendo, en la práctica, lo que han aprendido.
- Movilización Global: Cada árbol plantado cuenta una historia. A través de las redes sociales, testimonios y registros, el mundo acompaña este movimiento y es invitado a participar. Lo que comienza localmente se convierte en parte de algo más grande.
Además de su valor simbólico, la campaña se alinea con un compromiso global: el Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 — Vida de Ecosistemas Terrestres, que promueve la protección, recuperación y uso sostenible de los ecosistemas. De este modo, el PEPE reafirma que su misión también contribuye a la creación de comunidades más saludables y sostenibles.
Plantar un árbol es invertir en el futuro. Es creer que, así como una semilla crece y da fruto, un niño y una niña bien cuidados, enseñados y amados también florecerán. Es un gesto sencillo que conlleva un impacto para generaciones.
Durante los próximos meses, miles de manos alrededor del mundo se unirán para este propósito. Los niños y niñas plantarán plantones, las familias se involucrarán, las iglesias se movilizarán y, juntos, formarán un testimonio vivo de cuidado, esperanza y misión.
Porque, así como el PEPE siembra semillas en la vida de cada niño y niña, ahora también planta árboles que crecerán, darán fruto y recordarán al mundo que cuidar la creación de Dios es, también, parte de la misión.
¡Que cada árbol sea más que una plantación! Que sea un hito de fe, una señal de esperanza y una inversión eterna.


